Betsy….


Tuve el honor de conocer una dama a quien cariñosamente le llamo Betsy. Con el permiso de algunas mujeres, tengo que confesar que era exageradamente linda, hermosa por donde quiera que la veamos. Medía algunos: 90, 80 y como 120. Jeje digo yo, no sé mucho de eso. Betsy se casó joven, con un militar que era algo así como un capitán, era un buen tipo, un hombre serio y trabajador, además era creyente, no de muchas palabras ni eso, pero si era un buen creyente, de corazón.
Una tarde Betsy se estaba bañando en el patio de su casa,  donde disfrutaba ducharse. Como su casa estaba en un lugar muy privado, donde solo se alcanzaba a ver la terraza de la Casa de Gobierno, ella se bañaba sin problemas. Entonaba algunos salmos, se soltaba el pelo, tiraba la toalla y disfrutaba la ducha como Eva…
…Esa tarde fue diferente, se percató que alguien la estaba mirando mientras se bañaba. No era un mirón cualquiera, de serlo ella le hubiese tirado una mala mirada (en mi país decimos cortar los ojos) o se manda corriendo para que no la siga viendo. Pero no a este hombre, este era el Presidente de su país y jefe de su marido. Por supuesto que esto no es una excusa, pues de haber sido integra, hubiese mostrado mayor respeto, pero no la juzguemos, son errores de la juventud (sin pretender justificarla). Él caso es que el Sr. Presidente quedó impresionado con Betsy y a pesar de que estaba casado y supo que ésta “jovencita” era la esposa de uno de sus militares, la mandó a buscar y tuvieron un romance.
Cosa de una noche, copas de vino, luna llena, estrellas preciosas, besos, abrazos y otros detalles que no nos incumbe. Una excelente noche para la carne. Cosa de dos. Un momento grato que quizás hubiese sido el secreto perfecto, al no ser porque mi amiga Betsy quedó embarazada. Uff.  Cuando el Sr. Presidente se enteró que sería Padre de un hijo de quien no es su esposa y que además es la mujer de su subalterno, inició un plan para que el esposo de Betsy se acueste rápido con ella y así como decimos por acá “Pegarle el niño a él”, pero no funcionó. El hombre estaba demasiado preocupado en asuntos bélicos como para atender a su esposa… y para no hacer esta historia larga, nuestro Sr. Presidente lo mandó a matar y así Betsy quedó libre y él la hizo suya.
Por cosas de esas que pasan, el niño murió pocos días después de su nacimiento, ahora mi Betsy está mal parada. Por su culpa murió su esposo, también muere su hijo, adquirió una mala reputación, una terrible fama, un mal testimonio. Aunque pasan los años, sus errores del pasado la atormentan. Tiene pesadillas, sueños horribles, no quiere salir, no desea que la vean. Está envuelta en un proceso que ella misma provocó, pues aunque era difícil negársele a un rey, antes que ella hubo mujeres que por integridad estuvieron dispuestas hasta a perder la vida. Pero no debemos seguir juzgándola, entiendo que Betsy lo hizo mal, pero ahora estaba pagando el precio de sus errores. ¿O qué? ¿Somos mejores que ella? Tal vez no hemos hecho tanto pero también herimos personas, ofendemos seres queridos, cometemos errores y si tomamos en cuenta lo que dice el Apóstol Juan, que cuando hablamos mal de alguien lo estamos matando, entonces también hemos matado personas. Así que ella igualmente merece perdón. Ha pagado por su culpa y su arrepentimiento es genuino… mi amiga merece una oportunidad.
Betsy decide pedirle perdón a Dios, al Dios que nos ama, que nos conoce. Ella y su nuevo esposo, se humillaron, pidieron perdón y se arrepintieron. Lo hicieron de corazón. ¿Pagaron un alto precio? Si, así fue. Perdieron su bebe, perdieron un buen hombre, perdieron su reputación, su alta estima. ¿Pero merecen perdón? Todos lo merecemos.
¿Saben que pasó con Betsy? Años después se convirtió en la madre de uno de los hombres más sabios del mundo, Doña Betsabé dio a luz al famoso Rey Salomón. Si, concibió nuevamente pero ésta vez en lo legal, bajo la Gracia de Dios y como muestra de que Él la perdonó, miren a quien le permitió traer al mundo: uno de los mejores reyes de la historia. Catalogado como uno de los hombres más sabios de todos los tiempos.
Ya Betsy no sería recordada como mujer adultera, ni como la madre del niño que murió, ahora Betsy tiene un nuevo nombre, LA MADRE DE SALOMÓN. Doña Betsabé: La madre del Sabio, del Rey. Su pasado sigue siendo su pasado, pero su presente y futuro ahora tiene otro sabor y sin duda ha superado todos sus errores. Eso solo lo hace aquel a quien es digno humillarse: Dios.

 

Tal vez sea coincidencia, quizás no, pero el oficio que ejerció nuestro Señor Jesús cuando estuvo en la tierra fue la carpintería, aquella profesión que trabaja con la madera, especialmente restaurando, arreglando y corrigiendo. En el libro de Jeremías Dios se identificó con un Alfarero, el que rompe una vasija y la hace de nuevo. El mismo Alfarero que moldeó a David, a Betsabé, y a usted y a mí también. Se necesitan años para construir una reputación pero tan solo segundos para arruinarla, pero Dios es especialista restaurando las ruinas…

Por cierto, el nuevo esposo de Betsabe fue quien dijo: “Al corazón contrito y humillado, no lo despreciarás Tú, oh Dios”. Rey David. (Salmos 51:17)

Fragmento del Libro; El Dios de los Procesos, de Riqui Gell