Salva una familia y enviale esto a un ministro…

Este consejo me lo dio la madre de una persona especial, en momento en que estaba demasiado ahogado por la agenda ministerial, a decir verdad no le he puesto mucha atencion…pero confieso que me impacto leer el mismo consejo en manos de un pastor que ya ha pasado por eso…No es coincidencia! Si quieres salvar una familia, enviale esto a algun pastor, cantante o ministro en general…

 

 

A lo largo de estos años he cometido muchísimas tonterías debido al activismo ministerial, de las cuales estoy profundamente arrepentido y le he pedido perdón a mi familia, quienes fueron los mas afectados.

 

Hace unos quince años atrás, nuestro niño comenzó con algunas líneas de fiebre, luego continuó con vómitos y resultó en un virus que le ocasionó un grave problema gastrointestinal que lo dejó hospitalizado. En cuestión de horas estaba vomitando sangre, ante nuestra desesperación de padres primerizos que veíamos a nuestro niño que apenas podía abrir los párpados. Los médicos no encontraban el diagnóstico correcto ni nos daban esperanzas acerca de su pronta recuperación.

En medio de esa crisis, recordé que ese mismo día debía cumplir con una invitación para ir a predicar a un país vecino. Mi esposa siempre fue un apoyo incondicional y jamás se interpuso para que no pudiera cumplir con las responsabilidades ministeriales, así que ni siquiera me pidió que me quedara. Pero yo sabía que no podía dejarla sola, al lado de la camita de nuestro niño, que a esta altura no tenía ni siquiera fuerzas para llorar, solo emitía un gemido que aún recuerdo con dolor.

Llamé a al pastor anfitrión y le expliqué lo que estaba viviendo con lujo de detalles y le mencioné que no estaba en condiciones anímicas para predicar, que no sentía que fuera correcto dejar a mi esposa sola y que esperábamos un parte médico al otro día muy temprano. El pastor, sin siquiera ofrecerme una palabra de oración por mi hijo, me respondió:

– Lo siento, yo tengo todo anunciado, si tu no vienes no se que decirle a la gente.

– Pruebe de decirle la verdad, dígales que mi hijo está grave.

– Imposible. Ven ahora mismo porque te estamos esperando, yo no puedo fallarle a mi gente!- y acto seguido colgó el teléfono enojado. Abracé a mi esposa, le di un beso a nuestro niño en la camita del hospital y me fui a “cumplir para que el pastor no quedara mal con su gente”.

Dios fue fiel y nuestro niño se recuperó por su divina providencia. Pero debo serte honesto, si hoy me pasara exactamente lo mismo, puedo asegurarte que esta vez no me movería de al lado de mi familia, ellos son mi prioridad, no quisiera ser parte de la fría estadística de los siervos de Dios que por estar a la vanguardia ministerial lo pavimentaron con su familia y el costo fueron sus hijos o el cónyuge.

Hace poco le pedí perdón a mi esposa y a mi hijo (que por cierto ahora ya es un muchacho) por haberlos dejado solos aquella noche. Y les prometí que no volverá a suceder mientras yo viva. Ellos pasarán una sola vez por mi vida y no quiero perder a mis hijos por dedicarme a construir un imperio ministerial, no quiero llegar a viejo queriendo remediar como abuelo lo que no hice como padre. De qué me vale ganarme el aplauso de un estadio y tener el desprecio de mis hijos? ese es un trueque que no estoy dispuesto a hacer.

 

Un gran amigo mío que toda su vida fue un adicto al ministerio terminó con un infarto masivo que lo arrojó por mas de un mes en una cama hospitalaria. Recuerdo que cuando fui a visitarlo me terminó dando un consejo: “No cometas la misma torpeza que yo; detente por las buenas. Este mes he sentido la presencia de Dios como hacía años que no la sentía y es lo mas cerca que jamás haya estado de Dios. Estoy agradecido que esto me haya sucedido, aunque te confieso que de haberlo sabido, me habría retirado voluntariamente a una montaña a orar, en vez de estar en la cama de un hospital”

Si te sientes identificado y notas que estás mas cansado que lo usual, mas irritable que de costumbre, y tu amor por la gente se está achicando, es que la alarma ya comenzó a sonar. Una buena manera de saber si no estás al límite del estrés es preguntarte si tu amor por las almas está creciendo o se está encogiendo.

Periódicamente debes revisar si aún tienes pasión por las almas, o solo tienes pasión por liderar. Recuerda de qué se trataba todo esto antes de comenzar: almas, ese es nuestro núcleo, la visión inicial por la que queríamos ser reclutados.

Si necesitas buscar un claro en medio de la jungla, hazlo de inmediato. Si ves el incendio de tu propia casa desde afuera, estás en la perspectiva incorrecta. Antes que el fuego consuma tu templo, las alarmas comenzarán a sonar desde adentro y solo tu puedes oírlas, nadie mas. Todo el resto te alentará a llenar la agenda, tomar mas compromisos que los que puedes cumplir y conducir por los carriles rápidos del ministerio.

Necesitamos detenernos, quedarnos quietos para reagruparnos, revisar a fondo aquello que hace falta reparar, corregir los rumbos incorrectos, hacernos de nuevas provisiones, refrescarnos el alma, para luego salir al ruedo. No hay nada peor el olor del aceite viejo o rancio, necesitamos renovarlo justamente en el mismo lugar donde una vez salimos.

El Señor no corre contigo. El está en la montaña, esperando a que te detengas.

Dante Gebel- Fragmento de Asuntos internos (editorial Vida)

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