El cuarto donde escribo es diferente . Hace apenas unos pocos meses estas paredes eran blancas. Ahora son verdes. En un tiempo estas ventanas estaban adornadas con cortinas; hoy están cubiertas con contraventanas. Mi silla solía estar sobre una alfombra color canela, pero ahora es blanca. Para ser franco, no tenía problema con la alfombra canela. A mí me parecía bien. Tampoco tenía objeción para las paredes y cortinas blancas. Desde mi punto de vista la habitación se veía bien.

Pero no desde la perspectiva de mi esposa. A Denalyn le encanta decorar. Mejor dicho, ella tiene que decorar. No puede dejar una casa sin cambiarla, así como el artista no puede dejar una tela sin tocar ni el músico puede dejar una canción sin cantar.

Afortunadamente ella limita su trabajo de remodelación a lo que tenemos. Nunca mueve los muebles en los hoteles ni reorganiza los cuadros en las casas de los amigos. (Aun cuando se siente tentada a hacerlo.) Remodela lo que poseemos; pero recuerde lo que digo: lo que poseemos lo remodelará. Para Denalyn no es suficiente tener una casa; ella tiene que cambiar la casa.

En cuanto a mí, estoy contento con tener una casa. Mis gustos son, por así decirlo, menos refinados. A mi modo de ver una silla y un refrigerador están muy cerca de recibir un premio por decoración de interiores. Para mí la tarea de Hércules es comprar la casa. Una vez que la transacción está finalizada y se compra la casa, estoy listo para mudarme y descansar.

Pero no así para Denalyn. Tan pronto como la tinta se seca en las escrituras, ella está mudándose y remodelando. Me pregunto si heredó ese rasgo de su Padre, el Padre celestial. Lo que pasa es que la manera en que Denalyn ve una casa es como Dios ve una vida.

A Dios le encanta decorar. Dios tiene que decorar. Déjelo vivir por suficiente tiempo en un corazón, y ese corazón empezará a cambiar. Los retratos de heridas serán reemplazados con paisajes de gracia. La paredes de ira serán demolidas y los cimientos endebles restaurados. Dios no puede dejar una vida sin cambiar así como una madre no puede dejar sin tocar la lágrima de su hijo.

No es suficiente para Dios ser su dueño; Él quiere cambiarlo. En donde usted y yo nos daríamos por satisfechos con una reclinadora y un refrigerador, Él rehúsa conformarse con cualquier vivienda que no sea un palacio. Después de todo, es su casa. No hay gasto que escatimar. No hay atajos que tomar. «Para que vayan comprendiendo lo increíblemente inmenso que es el poder con que Dios ayuda a los que creen en Él» ( Efesios 1.19 , LBD).

Esto tal vez explique algo de la incomodidad en su vida. La remodelación del corazón no siempre es agradable. No objetamos cuando el Carpintero añade unos pocos estantes, pero se le conoce porque le encanta demoler el ala izquierda por entero. Tiene para usted aspiraciones muy altas. Dios vislumbra una restauración completa. No cejará hasta que haya concluido. No terminará sino cuando hayamos sido «hechos conformes a la imagen de su Hijo» ( Romanos 8.29 ).

Max Lucado